Recuerdo perfectamente la primera vez que vi un macaron. Fue en la maravillosa y romantiquísima ciudad de París, cómo no... Paseando por sus majestuosas calles, pasamos por delante de una pastelería en cuyo precioso escaparate, se mostraban decenas de estos delicados bocaditos, de mil colores y sabores, colocados en cajitas, en bandejas, en pirámides... Era imposible permanecer indiferente ante semejante visión, así que no pudimos hacer otra cosa que entrar y llevarnos unos cuantos. En cuanto dimos el primer mordisquito, fue una declaración de amor enterna a estos pequeños dulces...
Sin embargo, no fue hasta el año pasado cuando me decidí a hacerlos yo misma, apuntándome al maravilloso taller de Belén de Cupcakes a Gogó en La Tallerería. Dudo mucho que hubiese llegado a hacer unos macarons medio decentes sin sus consejos... ¡Os lo recomiendo sin duda!
Sin embargo, no fue hasta el año pasado cuando me decidí a hacerlos yo misma, apuntándome al maravilloso taller de Belén de Cupcakes a Gogó en La Tallerería. Dudo mucho que hubiese llegado a hacer unos macarons medio decentes sin sus consejos... ¡Os lo recomiendo sin duda!
La receta que os traigo hoy es una adaptación de las que usamos en el curso, que a su vez parte de una del maestro Pierre Hermé. Con ella se obtienen unos 20 macarons de café rellenos de toffee.






